Tan lejos, tan cerca (poemas y foto propia) (y 5)

 

Amigos lectores, he venido compartiendo con ustedes, en sucesivas entregas, poemas propios (con una foto también original) que tienen al ángel como tema y figura de reflexión, como he informado, inspirados en el filme Tan lejos, tan cerca de Wim Wenders. Con esta entrega cierro la serie. Espero que en algo haya servido, más allá de mi ego de poeta, compartir con ustedes estos textos que quieren ser poemas, que siguen siendo en esta ocasión, en la modalidad “poema en prosa”.

Fotograma de Las alas del deseo de Wim Wenders Fuente

 

Era un desconocido entre la gente. Un inadvertido deambulando las líneas que el destino figuraba detrás de las esquinas, en las mesas quietas, en las miradas. Se imaginaba como las letras erráticas e inconclusas de un grafitti
escrito en un callejón.

***

Estaba hecho del amor visto y recogido bajo las sombras de los parques. En los nerviosos rostros que se observaban en las luces rutilantes de los hoteles. En las maderas húmedas que reunían los licores, las manos y los besos. En la doblez que moraba en los escurridizos cristales de las vidrieras.

Reconocía su materia formada por los vacíos y los esplendores simples. Su memoria de ángel se perdía en la visión de las cosas relegadas, asimiladas y transformadas en su ser móvil. Callaba y sonreía con sus ojos abiertos al cielo.

 

Foto propia Fuente
 

Era la noche en su alma o en su cuerpo. Los límites entre ambos se habían borrado. Confundidos cuerpo y alma, era aquella sustancia de aire y tierra, que unas veces era alas suspendidas en el cielo cercano, y otras piel deseante, cuerpo atascado por el tropiezo del mundo.

A veces se sentía ángel; se elevaba; podía ver la profundidad del abismo y la sobrevolaba sin sentir la fuerza del vacío. Pero sus alas descendían, y era entonces piedra caída, carne ciega, criatura precipitada.

 

Agradecido por su atención.